#NiUnaMenos y #NiUnaMás «Ni una mujer menos, ni una muerta más»

Por: Jennyfer González.

Da miedo ser mujer, miedo a enamorarse e iniciar una relación, miedo a terminar con ella, miedo a salir sola. Este es la realidad a las que las mujeres tienen que estar expuestas.

Como si no fuera suficiente nuevamente tenemos que enfrentarnos a una noticia tan desgarradora como la de Rosa Elvira Cely, quien fue violada y apaleada el 24 de mayo del 2012 en el parque nacional. se repite la historia y esta vez es Leydi Elián Ceballos Astudillo; Asesinada brutalmente por su novio con unas tijeras, apuñalandola en su cuello, en el barrio Yumbo en Valle del Cauca, el pasado 25 de abril.

Entre 2009 y 2014, el promedio de mujeres asesinadas en el país era de cuatro al día. En el 12% de los casos, los homicidios son cometidos por sus parejas o exparejas, y al mes mueren cerca de diez mujeres por violencia de su pareja o expareja La impunidad es cercana al 90% pues la Fiscalía reveló que en los últimos diez años se abrieron 34 mil 571 procesos relacionados con feminicidios y sólo se han presentado 3 mil 658 condenas. El informe de Medicina Legal del país reveló que entre 2014 y mediados de 2015 hubo mil 351 feminicidios.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó en abril de 2016 que 14 de los 25 países del mundo con las tasas más altas de feminicidio se encuentran en Latinoamérica.

Es la familia la que llora su pérdida y pide justicia por sus madres, hermanas, hijas y amigas. Son ellas quienes tienen que denunciar, ser la voz de sus familiares que no pueden hablar.

Ese es el caso de Adriana Cely hermana de Rosa Elvira -quien cuenta “Ese 24 de mayo del 2012, cuando nos enteramos lo que le había ocurrido a mi hermana fue enfrentarnos a cosas que no te preparan, fue muy doloroso saber que uno de sus compañeros la agredió, que se presentó tanta negligencia en la atención, no solo por parte del hospital, la tardanza de la ambulancia, como la revictimizan porque no tiene una EPS.

Enfrentarnos a tantas cosas como poner la denuncia, por ejemplo, que no tenía ni idea que hacer, fue la enfermera jefa que me dijo cómo podía actuar a dónde acudir, no saber que existía la ley 1247 del 2008 que nos mostraban cuál es el protocolo, cuáles son los derechos de las mujeres para poner una denuncia.

Mi hermana estuvo consciente hasta que llegó al hospital Santa Clara, ella dio su versión de con quienes estaba, contó lo que le había sucedido, ella se quejaba de un dolor en el abdomen y decía que quería ir al baño, se le atendió con “triage 2” (clasificación de urgencias de acuerdo a la gravedad del paciente) (triage 1 corresponde a los casos valorados como de mayor complejidad, y 3 a los de menor gravedad), le tocaba esperarse como una hora y media para ser atendida.

En ese transcurso de tiempo un enfermero o alguien dio la orden para que le dieran una silla de ruedas y la sentaron. Ahí es cuando a mi hermana le da un paro respiratorio, luego le hacen la primera cirugía, la envían a cuidados intensivos. Mi hermana nos escuchó porque yo le hable y a ella se le salieron  las lágrimas. Pero nunca más pudimos hablar con ella. Ella murió al quinto día.

Desde el primer momento tuvimos una psicóloga que nos apoyó, para decirle las cosas a Juliana (la hija de Rosa Elvira) que ella se pudiera despedir de una forma simbólica de su mamá, porque Juliana no pudo ver a su mamá ni después de muerta.

A Juliana la cámbianos de colegio, la mantuvimos aislada de los medios de comunicación y fue en otro colegio, que otra niña dio con el nombre de su mamá (Cely) y le mostró el periódico Mío, en dónde de una forma amarillista, mostraban la foto de mi hermana en cuidados intensivos.

Hablar de justicia en este caso y en la mayoría de los casos de feminicidio o de violencia hacia la mujer, es algo paradójico. El caso de Rosa Elvira Cely quizás se hubiera podido evitar, si su agresor hubiera estado en una cárcel encerrado. Javier Velasco tenía ya un historial criminal por el abuso sexual de sus hijastras y de una trabajadora sexual. Pero un juez de garantías lo dejo libre.

#NiUnaMás llega acompañar a Adriana a su mamá y a su sobrina en el primer plantón que se hace por el caso de Rosa Elvira, como una forma de decir que ellas no estaban solas, que ellas estaban ahí para apoyarlas, posiblemente no han sido víctimas de tan brutales hechos, pero lo sienten y lo luchan como si fueran propios.

Con el apoyo que recibió Adriana y las continuas movilizaciones que se realizaron, el trabajo y apoyo brindado y luchado tuvo su recompensa. El 6 de julio del 2015 se aprobó la ley Rosa Elvira Cely que dice así: Artículo 2° Quien causare la muerte a una mujer, por su condición de ser mujer o por motivos de su identidad de género o en donde haya concurrido o antecedido cualquiera de las siguientes circunstancias, incurrirá en prisión de doscientos cincuenta (250) meses a quinientos (500) meses. a) Tener o haber tenido una relación familiar, íntima o de convivencia con la víctima, de amistad, de compañerismo o de trabajo y ser perpetrador de un ciclo de violencia física, sexual, psicológica o patrimonial que antecedió el crimen contra ella.

El trabajo es largo, pero por lo menos hay una ley que reconoce el Feminicidio como un delito, y que sirva para ayudar a reclamar justicia a lo ocurrido con Dora o con las muchas mujeres hoy víctimas de feminicidio o violencia en contra de ellas.

Hay una ley que ahora las ampara, las defiende. Pero el verdadero triunfo será cuando la sociedad no culpe a la víctima por su desgracia. Como lo hizo Secretario de Gobierno de Bogotá Miguel Uribe Turbay, cuando afirmó que: “Si Rosa Elvira Cely no hubiera salido con los dos compañeros de estudio después de terminar sus clases en horas de la noche, hoy no estuviéramos lamentando su muerte”

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